Casa Quintana
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Casa Quintana

Tres realidades.

El paisaje inicial a partir del cual se proyectó la Casa Quintana (al que podríamos definir como una primera realidad) está conformado por una serie de vialidades, casas prototípicas de construcción en ladrillos vistos, y una abundante forestación, pertenecientes a una urbanización cerrada –al igual que otras tantas y a modo de barrio jardín-, en las afueras de la ciudad.

El continuo paisaje, los objetos autónomos preexistentes, la apropiación del exterior,  el control de visuales y privacidad, y la incorporación de nuevos materiales constructivos al paisaje inicial, fueron algunos de los aspectos más relevantes a resolver en este tipo de enclave.

La arquitectura se presenta entonces, mediando entre el anhelo, como prefiguración formal inicial, por parte del cliente para con su casa y el propio artefacto arquitectónico como resolución del habitar contemporáneo, conformando éste último un nuevo paisaje.

Ni la mimesis para con el lugar ni el objeto heroico, ensimismado y autoritario, sino simplemente la resolución de problemas constructivos a los requerimientos del cliente, las condicionantes del lugar y la concepción contemporánea de la vivienda, fueron los aspectos que dieron consistencia y sustento formal a la casa.

La segunda realidad está constituida, al momento de la concepción, por las propias características intrínsecas del artefacto arquitectónico y el manejo de las variables económicas y tecnológicas de los diversos sistemas, para promover más construcción, de mayor tamaño y en menor tiempo, con el objeto de generar, finalmente, más y mejores condiciones para el habitar.

Los sistemas estructurales metálicos ligeros, la panelería de cierre exterior -compuesta en parte de fibra de vidrio- y los sistemas de carpinterías de aluminio -de paños vidriados de dimensiones máximas-, son sólo algunos de los componentes y materiales disponibles en el mercado utilizados para la concreción del proyecto.

Los cerramientos fueron concebidos como dispositivos que buscan establecer para con el entorno relaciones bilaterales mutuas y de transformación a lo largo del tiempo, y para abandonar definitivamente el concepto monofuncional del muro como elemento de cerramiento, en muchos casos materializado de ladrillos apilados uno a uno. Concepciones éstas últimas, en definitiva, que persiguen especulaciones estéticas alejadas de cualquier ejercicio actual de la disciplina de la arquitectura, para solo representar un mero estilismo de corto aliento y clara obsolescencia, o en el peor de los casos decisiones devenidas de la búsqueda de mayor rentabilidad del promotor.

No se trata de la implementación de simples cerramientos vidriados y sistemas de cortinas que buscan la pura visibilidad, sino de otorgar la posibilidad de intercambio en el tiempo y el espacio y de promover la variabilidad y reacción hacia las distintas condiciones del entorno.

Un extenso campo, lindero al terreno, le confiere a la casa la condición de espectadora de un singular paisaje rural, del cual se retroalimenta mediante la reacción de los cerramientos a través de sus reflejos, devolviendo y replicando las visuales al patio-jardín.

La propia implantación de la casa intenta dar cuenta de las condiciones sobre el lugar, expandiendo su uso hacia los jardines que la rodean, buscando apropiarse de ellos e interiorizando el exterior parquizado.

Un tercio longitudinal del predio, disponible para construir, es ocupado por espacios pertenecientes hoy a los hijos de la joven familia, vinculados hacia el jardín de borde perimetral y en franca orientación solar este. Los restantes dos tercios longitudinales son liberados a un espacio continuo, que comprende la longitud total del terreno, utilizado comúnmente para las actividades sociales de la casa.

Un prisma sobre la planta alta, que contiene espacios de mayor privacidad, busca liberar el suelo restante y las visuales hacia el paisaje campestre a través de sus terrazas de expansión.

Finalmente, es mediante la promoción del rol activo del habitante respecto de los sistemas de cerramientos y sus reacciones, reflejos, sombras, transparencias, opacidades, que se establecen nuevos diálogos para con el paisaje, del cual los mismos cerramientos forman parte,  intentando materializar un proyecto en común para con el lugar y construyendo, al tiempo, una tercera realidad.

 

 

 

Proyecto y Supervisión: Federico Marino, arq.

Dirección: Gustavo Quintana, ing.

Ubicación: Pilar, Buenos Aires.

Superficie: 230 m2.

Empresa Constructora: Gustavo Torres srl.

Estructura: Klimako srl.

Cerramientos: Lubeck srl.

Amoblamientos: Grilleta sa.

Herreria: Victor Laurencena, ing.

Fotografías: Sebastián Cipolloni, arq.

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